ANTELOPE CANYON Y MONUMENT VALLEY

ANTELOPE CANYON:

Otro sitio que nos dejó marcados. Habíamos visto muchas fotos en la red de este fantástico emplazamiento pero hasta que te encuentras en su interior no puedes imaginarte lo especial del mismo. El lugar está situado a las afueras de la localidad de Page y en territorio de la Nación Navajo. Son estos últimos los que dirigen su funcionamiento y no podemos decir más que buenas palabras sobre ellos. El guía que nos adjudicaron y el de los demás grupos según pudimos ver, son muy atentos y amables. En todo momento están pendientes para que la gente se quede satisfecha con sus fotos, mandan amablemente apartarse a todo el que estorba y podremos sacar las instantáneas sin molestos intrusos de fondo en la mayoría de los casos. Además durante todo el recorrido y en las mejores zonas, los guías suelen lanzar arena al aire para que se refleje mejor cada haz de luz generando siluetas alucinantes. Una vez finalizada la operación preguntan al grupo si alguno se ha quedado sin sacar la foto y si es así repiten la operación cuantas veces haga falta, todo un encanto de gente estos Navajos. La entrada al recinto cuesta 6$ por persona, toda una ganga, la pega está en que para acceder al interior del cañón has de hacerlo en un transporte especial obligatoriamente. Este trayecto entre el parking y la entrada al cañón se realiza en una especie de bus 4x4, foto aquí. Éste, lo gestionan los propios Navajos y cuesta 25$ por persona.



MONUMENT VALLEY:

Al igual que el anterior, éste también lo gestionan los indios Navajos al encontrarse dentro de su territorio. Se trata del clásico paisaje del oeste americano que John Ford inmortalizó en películas como La diligencia, etcétera. Con el paso del tiempo, la erosión del viento sobre los enormes bloques de piedra rojiza ha convertido este pedazo de tierra desértica en una estampa inolvidable. Se encuentra en las proximidades de la localidad de Kanyenta, la entrada cuesta 5$ por persona y su visita es imprescindible. Una vez realizada la visita teníamos intención de pasar la noche en la localidad de Page dado que al día siguiente era la excursión a coyote buttes (the wave). Preguntamos en todos los moteles del pueblo con idéntico resultado: No vacancy!!! Contábamos ya con la posibilidad de pasar alguna noche durmiendo en el coche o montando la tienda en cualquier esquina. Así pues, nos dirigimos a las afueras de Page con la idea de parar en un arcen y montar la tienda en un descampado, cuando de repente caímos en la cuenta que el lago Powell estaba allí mismo, por lo tanto el parque nacional de Glen Canyon. Preguntamos a los Rangers de la entrada y efectivamente, con el pase anual podíamos entrar así que no lo dudamos. Pasamos la noche en el Wahweap campground, foto aquí; pagamos 19$ por la plaza, y 1$ por las duchas. Fue una buena escapada y una alternativa a tener en cuenta, ya que desde el camping hasta Page únicamente hay 5 minutos en coche.




INDESCRIPTIBLE:

Mientras volvíamos de monument valley hacia Page para pasar la noche, vivimos una de las experiencias más estremecedoras de todos nuestros viajes. Se había originado una fuerte tormenta, llovía a cantaros y el viento soplaba con fuerza mientras conducíamos. Con la atención puesta sobre el asfalto, a punto estuvimos de perdernos un acontecimiento extraordinario. De pronto paró de llover y un precioso arco iris multicolor salió desafiante ante nuestros ojos. Se dio la peculiaridad de ser un arco iris doble, por lo que nos detuvimos a sacarle alguna foto. Mientras estábamos sacando las instantáneas, un coche paró en el arcen de manera precipitada y automáticamente de su interior salió una familia entera lanzando gritos al cielo en una extraña jerga. Se trataba de un grupo de nativos americanos, Navajos concretamente. Nos quedamos estupefactos; como si de cabello al viento se tratara, allí estaban lanzando arengas y los típicos chillidos indios con la mano entretapando la boca. Todavía hoy al recordarlo se nos pone la carne de gallina pufffff….. fue alucinante. Desconocemos por qué lo hicieron, quizás el hecho de que el arco iris fuera doble era señal de buen augurio, tal vez sea alguna vieja costumbre al ver un arco iris, o simplemente les pareció bonito y esa fue su forma de expresarlo. El caso es a nosotros nos dejó totalmente descolocados, y aunque nos moríamos de ganas de sacarles alguna foto, hacerlo hubiera sido una falta de respeto imperdonable. Mientras todo esto ocurría, a nuestras espaldas estaba produciéndose algo excepcional. Si ya de por si nuestro estado de animo estaba sobresaltado por los hechos acontecidos, nunca hubiéramos imaginado un final semejante. Aquello no solo era un atardecer, era pura poesía. Nos quedamos sin palabras, fue algo indescriptible; aún hoy no sabemos cómo explicar aquel cúmulo de sensaciones, lo único que podemos hacer es mostrároslo:

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